Consiste en la exfoliación y abrasión controlada de la piel gracias a las propiedades físicas del polvo de diamante. Por este motivo recibe el nombre también de peeling mecánico, ya que tiene los mismos efectos que un peeling químico pero los consigue por medios mecánicos y no con sustancias químicas.

  Después de limpiar el cutis, se deslizan sobre la piel unos cabezales con recubrimiento de polvo de diamante en su extremo que producen una exfoliación controlada a nivel epidérmico, eliminando así las capas más superficiales de la piel e induciendo a su renovación mediante la creación de nuevo colágeno. El colágeno recién sintetizado así como otras sustancias, mejoran la elasticidad de la piel y reducen la secreción de sebo.

 
Microdermoabrasión por punta de diamante

  Al mismo tiempo, dichos cabezales poseen un sistema de vacío que va limpiando todas las impurezas que va desprendiendo la punta de diamante. El equipo que se emplea está provisto de unos cabezales con punta de teflón adaptables a las distintas superficies del rostro, que se aplican después de haber finalizado con la punta de diamante. El efecto de succión que produce activa la circulación sanguínea, drena la piel, reduce del exceso de sebo en los poros, facilita la extracción de comedones y promueve una piel más firme, tersa y suave. El resultado es una piel más limpia y tonificada.

  Para finalizar el tratamiento se aplican cosméticos de gran calidad adecuados a cada piel, ya que en ese momento la absorción de principios activos es óptima. Además, se aplica un cabezal de crioterapia (frío) para cerrar los poros y aprovechar sus efectos descongestivos, tonificantes y tensores de la piel.

  Esta técnica está indicada para el tratamiento de estrías, queratosis, cicatrices de acné, pieles seborreicas, prevención y tratamiento del envejecimiento cutáneo, arrugas e hiperpigmentaciones.